miércoles, 17 de febrero de 2010

Creer o no creer

Una amiga me dijo una vez "yo no creo en nada". De vez en cuando reflexiono sobre ello.
¿Por que la gran mayoría de seres humanos cree en algo más, y una minoría no? Yo si creo en que hay algo más allá de la vida, creo en Dios, otra cosa es definir "que es Dios". Y pienso, si desde que se remonta el conocimiento de la historia de la humanidad, todos los pueblos han sido movidos por esa creencia, este hecho consolida su existencia. Ya que los seres humanos precisamos de ella, sera porque existe, dado que no existe ninguna necesidad natural que no tenga como fin ser saciada. Por lo menos yo lo veo así, no se de ninguna necesidad que no pueda ser saciada, en todo caso que alguien me lo demuestre. Partiendo de esa base, ¿por que algunos no creen? Cuando he hablado con alguno que así opina, la verdad es que son muy pocos, he observado lo siguiente, cierran los ojos a lo desconocido, solo existe para algunos lo que ven y tocan, no quieren plantearse nada más, es algo así como que lo que no ven no existe, cualquier otra suposición les parece pura fantasía. Otros en cambio, sencillamente se encojen de hombros y corren tupido velo, no quieren saber. En ambos casos se da una falta de interés en el conocimiento, un deseo explicito de no investigar, un deseo de permanecer en la ignorancia. ¿Por que? Y ahora aventuro yo. Dentro de nuestra libertad de pensamiento, nos movemos por nuestros esquemas, según nuestras capacidades y aptitudes. Tengo la sensación de que en esas personas se da una gran inteligencia (no se si en todos), pero carecen de curiosidad y de imaginación. La curiosidad es lo que nos hace avanzar en lo desconocido, es lo que da lugar al descubrimiento, al saber. La imaginación es la herramienta necesaria para avanzar. La imaginación es una forma de conocimiento esbozado, es lo que nos impele a la acción de crear, o descubrir. De esta forma, si no hay curiosidad, si no hay imaginación, falta el estímulo para movernos en la dirección de avance, en el ámbito de lo que no vemos, ni tocamos.
Muchos de ellos incluso se lamentan de que les gustaría tener fe, porque ven que eso consuela en los momentos que lo necesitan.
Tengo que dejarlo, interrumpo.

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